29.9.10

EL SISTEMA TE VA A COMER

Ayer tuve una pesadilla en la que un sistema de valores me perseguía para comerme.
Lo más gracioso es que sólo recuerdo la sensación de ser perseguida y automáticamente relacionarlo con que un concepto de Lingüística Estructuralista me quería manducar...
Fue un sueño muy abstracto pero real ¿?

{Nota mental: hacer un corto con este tipo de pesadillas bizarras pero claro, cuando aprenda a hacer uno y encuentre la forma de representar al monstruo sistema de valores.}

23.9.10

HASTA EL CANSANCIO

Cansada
de no poder esperar nada de las cosas
de las no sorpresas,
de vivir en los costados
y no llegar nunca a esos centros deseados.
Cansada de tener que ponerme los guantes
para tocarte,
cansada de ponerme cadenas
para darte libertad.
Cansada de mentirme y silenciarme,
de los sucios juegos de amor.
Cansada de imaginar
y construir un mundo de causas perdidas.
Cansada de vivir en este ínfimo mundo
y ser un mísera persona más
que olvidar.
De estar de paso
de no llegar a ningún lugar,
cansada de fingir
que levantando mis piernas
puedo volar.
Cansada de ser este punto
punto aparte
apartada,
parte de nada
y partida.

SUPERFICIES BLANDAS

ante una pequeña mirada
una caricia leve
ante el primer y diminuto
indicio de cariño...
ella se vuelca y se revuelca
se tiende descalza
se abraza a la nada.
ella se abre,
se deja
y que la vida, el amor
le pasen por encima
hasta hacerla pelota
y salir rebotando.
pisame, quereme, matame,
pero quereme
un poco,
y cuidame
lo más que puedas.

2.9.10

Si doy una vuelta más en esta calecita,
voy a vomitar el alma.

Tengo que bajarme rápido, ya,
sin importar en donde caiga.

El vértigo,
aún con los pies enterrados en el piso,
no me puede marear tanto.

Una vuelta más
y dejo todo atrás.

4.8.10

ARTE CULINARIO - Cómo destripar un pollo

Coloqué la cuchara dentro de la boca como masturbando un frasco repleto de mermelada, intentando sacar al mismo tiempo un poco del dulce y untarlo en el pancito. Quería hacer una merienda para convidar gustosamente a todos mis invitados, pero no pude encontrar nada que justificara la etiqueta en el frasquito; pronto la cuchara no hizo más que temblar los bordes de la garganta, causando un gran eco y ese ruido de vidrio que anuncia la ausencia. Mi cuerpo se había vuelto una simple caja de aire.
Pedí perdón y eché a todos, levanté el mantel, guardé las copas, apagué los fuegos de la cocina y tapé la olla con agua hirviendo. "¡Nadie más come en esta casa, nadie más se sienta conmigo, nadie más me vuelve a dejar vacía la alacena y atiborrarse egoístamente de mis conservas... no quiero morir de hambre en el invierno!", me dije.
Y efectivamente nunca más pude sentarme a la mesa a comer con alguien, sino sólo pude ofrecerle a quien cruzara la puerta de calle, no más que un plato vacío donde apoyar sus cubiertos.